Seis por cuatro

He continuado mi activación física con precaución. No logro sentirme bien aún al imprimir intensidad al ejercicio en turno, siento que me vuelve la taquicardia.

Aún así, creo que al ser constante he logrado algunos avances. He procurado caminar a paso rápido un promedio de 6 kms., cuatro días a la semana, alternando cada 5 minutos con trote ligero durante 30 segundos. No es mucho, pero es la base sobre la cual he de mejorar poco a poco.

En fin, es cuestión de perseverancia.

Recaída

El cardiólogo me ha recomendado hacer media hora diaria de ejercicio. Menciona que la combinación de medicamento y el esfuerzo físico, fortalecerá el corazón. No obstante, me advirtió que probablemente vendrían dos o tres taquicardias más, y me dio algunos tips para contrarrestarlas sin necesidad de acudir al hospital.

He seguido cada día una rutina muy sencilla, alternando cinco minutos de caminata acelerada con un minuto de trote ligero. Durante toda una semana no tuve ningún problema, hasta hace unos días que nuevamente el ritmo cardíaco se me descontroló y tuve que suspender mi ejercicio para estabilizarme.

No pasó a mayores. Pero no deja de frustrarme la limitante que esto representa para mi deseo de correr.

Modificaré la ya de por sí sencilla rutina, disminuyendo el tiempo de trote y poniendo más atención en la forma de respirar. No quiero más taquicardias.

Visitando Urgencias

Una sensación de extravío, fuertes palpitaciones, frialdad corporal y un fuerte dolor de cabeza, me llevaron al área de Urgencias del hospital.

Bastó un vistazo de la médico en turno para ordenar que se me practicara un electrocardiograma. Decisión acertada, pues al poco presenté altibajos en mi ritmo cardíaco. 

El punto crítico fue cuando el monitor registró 208 latidos por minuto, algo que mi organismo jamás había experimentado y con lo cual me resultaba complicado mantener la calma mientras el equipo médico buscaba estabilizarme.

Se me suministró oxígeno y algunos medicamentos que, afortunadamente, me llevaron a la normalidad y a la postre posibilitaron mi alta. La lectura del electrocardiograma la tomaron con reserva pero algo de optimismo a la vez. 

Mi preocupación es la limitante que esto pudiera representar para correr.

La recomendación expresa que se me hizo fue acudir al cardiólogo en cuanto me fuera posible. Espero no sea grave.

Retomar el ritmo

Mis tenis permanecieron prácticamente guardados la mitad del año. Aunque tenía días específicos para el running, que respeté de enero a marzo, los asuntos laborales me absorbieron, me devoraron, de abril a noviembre.

Fue frustrante no poder atender una actividad que tanto disfruto, como lo es el trotar. Pero también fue un período en el que aconteció un cambio laboral que buscaba años atrás, así que debía aprovechar la oportunidad.
Desde esta semana vuelvo a tener las tardes libres, así que es momento de retomar el ritmo.

La meta: ir más lejos que ayer